Texto integral em El auto conocimiento del hombre
O AUTOCONHECIMENTO DO HOMEM
Consciência do Absoluto como Deus Próprio
La primera es la fase en que el hombre cobra consciencia de lo Absoluto como Dios propio.
Si de la Esencia divina se abstrajeran todas las relaciones (es decir, los Nombres y los Atributos), no sería un Dios (iIâh). Pero nosotros somos quienes realizamos esas (posibles) relaciones (reconocibles en la Esencial. En este sentido, nosotros somos quienes, con nuestra propia dependencia interna respecto a lo Absoluto como Dios, lo convertimos en «Dios». De este modo, lo Absoluto no puede ser conocido mientras no nos conozcamos a nosotros mismos. A eso se refieren las palabras del Profeta: «Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor». Es dicho de quien sabe más acerca de Dios que cualquier otro hombre.
El pasaje significa lo siguiente: dada la naturaleza de lo Absoluto per se, éste sería eternamente Algo incógnito e incognoscible si no tuviera la posibilidad de manifestarse en formas infinitamente variopintas. Lo que se conoce generalmente como Nombres y Atributos no son sino expresiones teológicas para esa infinita variedad de formas posibles de la manifestación de lo Absoluto. Los Nombres y Atributos son, en otras palabras, una clasificación del ilimitado número de relaciones de lo Absoluto con el mundo.
Dichas relaciones permanecen in potentia mientras se encuentran en lo Absoluto; no in actu. Sólo cuando se actualizan como formas concretas en nosotros, las criaturas, se convierten en «reales». Los Nombres, sin embargo, no se realizan inmediatamente en cosas materiales e individuales, sino, primero, en el interior de la Consciencia divina, en forma de arquetipos permanentes. Desde la perspectiva opuesta, esto significaría que son nuestras esencias individuales (es decir los arquetipos) las que actualizan lo Absoluto. Y lo Absoluto así realizado es Dios. Por lo tanto, «nosotros (o sea nuestros arquetipos permanentes) transformamos lo Absoluto en Dios» convirtiéndonos en los objetos primordiales o lugares de la manifestación divina. Ése es el significado filosófico de la sentencia: «Sin conocernos a nosotros mismos, no podemos conocer a Dios».
Algunos de los sabios, como Abû Hâmid, afirman que se puede conocer a Dios sin referencia alguna al mundo. Pero eso es un error. Sin duda, la eterna y perpetua Esencia puede (conceptualmente) ser conocida (sin referencia al mundo), pero esa misma Esencia nunca puede ser conocida como Dios salvo si se conoce el objeto para el que es Dios (o sea el mundo), ya que éste es el indicador de aquél.
El comentario de al-Qâshânî esclarece este punto:
Lo que quiere decir Ibn Arabi es que la Esencia, en la medida en que es calificada por el atributo de «divinidad» (ulûhiyya), no puede ser conocida sino por el objeto para el que aparece como Dios... Sin lugar a dudas, nuestra Razón puede conocer (por deducción), a partir de la idea misma del Ser, la existencia del Ser Necesario, que es la Esencia eterna y perpetua, ya que Dios es, en Su Esencia, absolutamente autosuficiente. No así cuando es considerado como sujeto de los Nombres. En tal caso, el objeto para el que es Dios es el único indicador de Su ser Dios.